Testimonio 7

Yo antes tenía un blog, ahí escribía lo que me daba la gana todas las semanas. Tuve que parar, lo que ahí defendía era que todo se hiciera con amor y claro de ese buen rollo que transmitía, no podía pasar a la furia que tenía, os aseguro que todo lo que salía de mi boca era indignación y rabia, estaba tan desilusionada con el mundo en general que para que os voy a mentir, solo lloraba. Lloré cuando comprendí que normalizar la diferencia era una guerra y las guerras con todo ese rollo mío de hacer las cosas con amor no encajaban, lloré cuando la gente que antes me llamaba dejó de hacerlo, lloré cuando las madres en la puerta del colegio me daban la espalda, lloré por ver el sufrimiento de mi hija, lloré porque creía en la justicia hasta que me choqué con ella y lloré cuando me decían que yo sola no podía cambiar el mundo. Dejé de llorar cuando nació Fundación Daniela, cuando me pude subir al estrado y gritar, porque la verdad es que grité, necesitaba decir al mundo lo que me indignaba y a lo que me comprometía. Una tarea difícil sin duda pero… hay batallas que inevitablemente tenemos que dar. Quiero dejaros aquí eso que os cuento que grité. por si alguien no me escuchó o no pudo asistir: “No es casualidad que si miráis a un lado u a otro de esta sala os deis cuenta que hay una gran diversidad de personas, de diferentes ámbitos políticos, profesionales, religiosos, sociales y económicos. Nuestra intención no es incomodar a nadie sino crear empatía entre vosotros, esa capacidad que sirve para conectar a las personas. Si nos limitamos a aprender más sobre aquello en lo que nos sentimos cómodos nunca podremos ponernos en el lugar del otro, nunca empatizaremos y nunca seremos capaces de escuchar otras historias, nos quedaremos anclados en nuestro mundo sin darnos la oportunidad de seguir creciendo y sin aprender de las experiencias de los demás. Hoy queremos compartir con vosotros la historia de nuestra hija, una historia que no es única, desde que empezamos a abrir nuestro corazón y a empatizar con una parte de la sociedad invisible para nosotros hasta ese momento, nos dimos cuenta que no estábamos solos y que era urgente poner nuestro granito de arena para que desde nuestra experiencia ayudáramos a visibilizar a los no vistos. Los no vistos son los invisibles en la sociedad, son los que sufren soledad, miedo al rechazo de los demás, los que son diferentes, los que sufren acoso y los que socialmente no son aceptados. Los no vistos fueron en algún momento de sus vidas niños, que se vieron obligados a esconderse por los prejuicios no solo de la sociedad sino de sus propias familias que desde una perspectiva moral equivocada condenaban física y psicológicamente a sus propios hijos por el hecho de ser diferentes. Y digo condenaban porque me cuesta creer que a día de hoy esto siga pasando pero desgraciadamente no me queda mas remedio que rectificar y deciros que a día de hoy se les sigue condenando. Tenemos una hija visible para nosotros e invisible para una gran parte de la sociedad, nuestra hija nació biológicamente niño pero desde muy pequeña insistió en que era una niña. Esto sencillamente quiere decir que tenemos una hija trans*. Tránsgenero para unos, transexual para otros, para nosotros es simplemente una niña. Es una niña que con 8 años ha sufrido las consecuencias de un sistema moral irracional, punitivo y excluyente. Centros educativos que hacen gala de su prestigio académico y moral, discriminan a sus alumnos por su expresión de género, sufren acoso escolar no solo por parte de los niños sino por parte de sus profesores, forzándoles a aparentar un comportamiento que encaje con su sexo biológico, incluso llegándoles a pedir que disimulen su identidad dando lugar al aislamiento, generando problemas de ansiedad, autoestima, absentismo escolar y en consecuencia abandono del centro. Esta realidad es realmente preocupante, el derecho a la educación comprende el derecho a recibir información amplia, exacta y apropiada en función de la edad, sobre la sexualidad humana, para tener así acceso a la información necesaria para que este tipo de situaciones no se produzcan y evitar actitudes transfóbicas en los centros educativos y fuera de ellos, esto no exime en ningún modo a la educación primaria. Para ello es fundamental la formación del profesorado y la puesta al día de los orientadores de los centros educativos. Con respecto a la Sanidad, nos encontramos también con un desconocimiento profundo de esta realidad y es urgente que se formen para que nuestr@s hij@s tengan el trato adecuado durante su infancia por parte de estos profesionales en todas y cada una de las especialidades médicas, respetando así su derecho a la salud. Para que todo esto pueda lograrse necesitamos leyes como la aprobada en Andalucía, Ley Integral para la no discriminación por motivos de identidad de género, gracias a la unanimidad de los partidos políticos. Me gustaría terminar recordando a todos los presentes que el nombre tiene como finalidad fijar la identidad de una persona en sus relaciones sociales, es un signo distintivo del individuo, con el cual se le identifica y se le reconoce y el cambio de nombre para estos niñ@s significa gozar de derechos tales como la dignidad y la integridad personal, reconociéndoles como quien verdaderamente son. Derechos que no se les puede seguir negando.” By FD with love. LOVING THE T*

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