Testimonio 18

Mi historia
Bueno, para comenzar mi historia decir que ha día de hoy me considero una chica transgénero, pero para llegar a esta conclusión he recorrido un largo camino de auto aceptación personal y social. Me he tenido que enfrentar a ser diferente, a no comprender que es lo que me pasaba, a mis demonios internos, pero creo que todo ha merecido la pena.
Mi infancia fue muy feliz pero al llegar la adolescencia todo cambio. Cuando eres un niño no tienes la carga social de prejuicios y construcciones moralistas que te inculcan de mayor y vives en un juego o al menos así lo veía yo.
No me consideraba ni un niño ni una niña, simplemente era yo. También ayudaba que mis padres no me imponían nada en el sentido de ropa y juguetes, me dejaban experimentar y crecer libre. Pero a pesar de todo yo veía que algo no funcionaba bien, sobre todo fuera de casa. No comprendía porque en la escuela no podía compartir el baño con mis amigas (ya que yo las veía de iguales y me diferenciaba de los chicos, es decir, ya tenía consciencia de ser una chica aunque yo no me diera del todo cuenta), el no poder disfrazarte de princesa, tener que cambiarte en el baño de los chicos y más cosas.
Luego llego la pubertad, la adolescencia y comenzó mi verdadero infierno particular.
La pubertad que me destrozo, literalmente. No he tenido tiempo de reaccionar a ella, llego muy temprana, el bello, la barba, todo.
He tenido que luchar con ella y con el rechazo de mis compañeros de instituto por ser “demasiado femenino”, cómo si fuera algo malo, nuestra sociedad y su machismo.
Menos mal que mi casa era mi refugio y mi familia mi ayuda, aunque me he callado muchas cosas que me han pasado para no preocuparles, por vergüenza.
Así, sin información no podían ayudarme, además yo escondía el acoso muy bien, en forma de buenas notas y disciplina. Me arrepiento tanto de no haberme abierto a mis padres, ahora no tendría las secuelas que tengo.
Finalmente la universidad fue una liberación personal. En ella me encontré y me reconcilié conmigo misma. Le puse nombre a mi condición, soy una mujer transgénero. Se lo conté a mis padres que me comprendieron al instante y a mis amigos más íntimos que también de algún modo, lo sabían. A veces no hace falta decir nada, si te conocen de verdad lo saben sin necesidad de tener que dar explicaciones.
Ahora estoy al principio del camino, mi auto reconstrucción personal la llamo yo, mi transición. Me queda mucho camino que recorrer, muchas batallas que ganar pero estoy segura de que puedo conseguirlo y que algún día pueda mirarme al espejo y decir que mereció todo la pena. Ahora quiero luchar para que ninguna persona tenga que sufrir y aguantar lo que yo pasé y tengan un crecimiento libre y sano.
El acoso y la presión social no pudieron conmigo.
Andrea.

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